lunes, junio 22, 2009
viernes, diciembre 12, 2008
A Félix J. Palma le sigo desde hace mucho tiempo. Quien primero me habló de él fue mi amigo Luis Leante, hace ya por lo menos diez años, quizá más. A los magníficos libros de relatos que ha escrito -especialmente El vigilante de la Salamandra- se une ahora una novela trepidante ambientada en el Londres de finales del siglo XIX que ha merecido el prestigioso Premio de Novela Ateneo de Sevilla. Novela que combina los viajes a través del tiempo con la existencia de mundos paralelos y que infiltra a lo largo de sus más seiscientas páginas a un ejército de personajes. Entre todos ellos, los hay históricos como Wells -el autor del clásico La máquina del Tiempo-, Jack El Destripador y El Hombre Elefante.Hay que dastacar el tono narrativo, no tan barroco como el que emplea Palma en los relatos y que, desde mi punto de vista, es propio de un escritor de altura.
lunes, septiembre 29, 2008
El amigo del tirano
En uno de los raros cafés de Manhattan que no son ya Starbucks clónicos mi amigo Vicente Echerri me cuenta que tantos años después de salir de Cuba la isla sigue apareciendo casi cada noche en sus sueños. Pero el tiempo ha pasado, y los lugares de la memoria se van contagiando de presente. Mi amigo, que tiene unos sesenta años, sueña que es un niño de doce que sale de su casa para ir a la escuela, con la mochila a la espalda, pero no está en La Habana, sino en un andén del metro de Nueva York. Cuando sube las escaleras, deprisa para no llegar tarde, emerge en la Quinta Avenida, y ve a otro niño, amigo suyo, que está cruzando la calle también camino de la escuela. La acera de este lado es Manhattan; la del otro es La Habana. Mi amigo llama al otro chico para que le espere, para caminar juntos el último tramo, pero quizás el tráfico borra su voz, o tal vez no le sale de la garganta, como suele suceder en los sueños. Vicente Echerri se despierta una mañana de junio recordando su sueño melancólico, en Jersey City, muy lejos de la isla de la que su alma no se ha ido nunca, y a la que probablemente nunca volverá.
No parece factible que García Márquez haya protestado ante Fidel Castro por la suerte de tantos cubanos cuyo único delito es contar historias Tal vez lo que le atrae de Castro es que se parece a ese modelo doble de escritor y caudillo que sólo se da en las serviles sociedades hispánicas
En la otra isla donde nos hemos citado, la de Manhattan, hace un calor de trópico, que no llegan a aliviar ni los ventiladores ni la penumbra de la Hungarian Pastry Shop. He llegado al café un poco antes de tiempo y espero mirando hacia la claridad candente de la entrada, donde aparece de vez en cuando alguna figura exhausta y sudorosa en camiseta y en bermudas, buscando una bebida muy fría, un poco de sombra. Pero llega Vicente Echerri y parece que está entrando en un café de La Habana, no la ciudad arruinada de ahora, ni la cada vez más borrosa de los recuerdos, sino la que sigue inalterable en sus sueños: un hombre alto, muy delgado, vestido con un traje claro, formal pero muy ligero, con una formalidad de veraneos de otra época. Vicente escribe cuentos que suceden siempre en Trinidad, la pequeña capital provinciana de su infancia, historias más o menos fabulosas que escuchaba de niño, y que se remontan a los tiempos anteriores a la independencia, a unas vidas de peripecias mínimas como chismes o rumores de pueblo, contadas en un tono que está entre Chéjov y Clarín.
A Vicente ni se le ocurre la posibilidad de que esos cuentos se publiquen alguna vez en Cuba. Sentados en el café conversamos sobre literatura y sobre la duración de un exilio que ya va siendo más largo que muchas vidas humanas. Lo que yo doy por supuesto a él le ha sido negado, el alimento y el aire que hacen posible la escritura, el público lector, y más hondo todavía que eso, el sonido de la lengua, el habla viva de nuestros compatriotas, la particular pulsación que tiene la vida en el país donde uno se ha criado. Hablamos del aprendizaje de ir y de volver; de aquellos grandiosos cantaores flamencos que hilaron entre el Caribe y la bahía de Cádiz los cantes de ida y vuelta. Me acuerdo de una letra de Pepe de la Matrona que lo resume todo en cuatro versos: "Tú no te mueras / sin ir a España; /allí la uva / aquí la caña".
Me he acordado de mi amigo cubano leyendo en estas páginas una crónica de Mauricio Vicent sobre otro regreso a La Habana, el de Gabriel García Márquez. Siempre es algo aterrador que la figura de alguien sea tan hipertrófica que baste su nombre de pila o su diminutivo para designarlo: Gabo, Fidel. Gabo viaja a La Habana y como es su costumbre se encuentra con su amigo Fidel, y también con otro amigo algo menos importante, Raúl, que sí necesita el apellido. Tanto García Márquez como Mauricio Vicent viven de un oficio inviable sin la libertad de expresión, pero en la crónica se sugiere como de pasada que para garantizar la intimidad del escritor los periódicos no están autorizados a informar de su presencia, de la que sólo se ha sabido por un artículo de Fidel. De Fidel Castro. Para qué van a hablar otros si ya está él para decir lo que conviene en un monólogo monstruoso de más de medio siglo. El escritor cuya sombra napoleónica cubre la extensión entera de la literatura de su país se encuentra con el tirano que lleva cincuenta años avasallando el suyo, y el hecho parece aceptarse con tanta normalidad como si se tratara de una reunión de viejos amigos. Al tirano octogenario le halaga que vayan a visitarlo intelectuales, los cuales siempre contarán después con admiración lo aficionado que es a la literatura, lo despierto que permanece a todo. Los intelectuales que rinden pleitesía al tirano y le llaman por su nombre de pila suelen venir de países democráticos en los que se declaran muy críticos contra el poder, pero se ve que para que tanta rebeldía se vuelva reverencia sólo hace falta que el poder sea absoluto. Cultivan una solidaridad abnegada, casi heroica, pero sólo con los verdugos, nunca con las víctimas, y tienen el corazón de hielo para los perseguidos que no se ajustan a su ortodoxia. En esas conversaciones tan entrañables y que duran tantas horas, no parece factible que García Márquez haya protestado ante Fidel Castro por la suerte de tantos cubanos cuyo único delito ha sido y es intentar dedicarse a lo mismo que él hace, a contar historias, o la de tantos otros expulsados, huidos, encarcelados, sacrificados, aplastados por la duración inhumana de una dictadura que empezó cuando mi amigo Vicente Echerri era un chico de doce años.
Me he acordado de él leyendo esa crónica, y también de Paquito d'Rivera, que lleva ya casi treinta años de exilio y sigue tocando con la misma furia que si estuviera en un cabaré de La Habana, y de Bebo Valdés, y de tantos cubanos a los que me he encontrado por el mundo, calumniados por la tiranía y por sus cómplices con el nombre infame de gusanos, llenos de nostalgia y a la vez de energía y de talento para abrirse paso donde quiera que los lleve el destierro, acostumbrados a ser sospechosos para el señoritismo miserable de intelectuales europeos y estrellas tarambanas del cine que gozan todos los privilegios de la libertad y de vez en cuando se conceden unas vacaciones pagadas de turismo revolucionario. En cuanto a García Márquez, que tantas veces ha escrito sobre la megalomanía delirante de los poderosos, tal vez lo que le atrae de Castro es que se parece a ese modelo doble de escritor y caudillo que sólo se da en las débiles y serviles sociedades hispánicas: el que lo quiere todo, el que no tiene a nadie que le haga sombra, el que despierta miedo y exige pleitesía, el que se convierte con exclusividad asfixiante en la encarnación de un país, el que recibe todos los premios y todas las medallas y todavía quiere más, el que es olvidado con alivio general en cuanto terminan sus pomposas exequias.
jueves, julio 10, 2008
miércoles, mayo 28, 2008
YA NO ESCRIBO RELATOS
Hace más de año y medio que no escribo un relato, le he dicho esta noche a mi mujer. Año y medio, demasiado tiempo. Y he pensado que hace año y medio Álvaro no había nacido, era un feto al que aún le quedaban unos meses para salir del cascarón. Y a medida que se acercó el gran/temible momento yo dejé de imaginar historias y luego escribirlas o no; a veces, muchas veces, las dejaba que se esfumaran en la nada, de donde habían venido. La magnífica/temible realidad me envolvía en su tela de araña y yo sólo veía el bombo de Esther cada vez más y más abultado y a Álvaro (como si dispusiera de rayos x en los ojos como aquel científico loco de la película) cada vez más y más niño y menos célula-embrión-feto. No sabía yo entonces que iba a tardar tanto en escribir, que pronto ocurriría algo que cercenaría (espero que no de raíz) mis dedos y mis manos y mis brazos. Sin dedos, sin manos, sin brazos no se puede escribir. Ojalá me vuelvan a brotar, como las ramas podadas de un olivo. Aunque lo peor fue la pérdida de la esperanza. La reafirmación de lo que el gran Cioran dijo, que la vida no tiene sentido, ninguno en absoluto, aunque todos intentemos dárselo.
Tres días, sólo tenía tres días, aún era un extraño entre nosotros cuando, recuerdo muy bien, la enfermera me llamó para que lo acompañara. Lo llevaban a uno de esos cuartos sórdidos a través de pasillos sórdidos para hacerle una prueba. Una más. Una tortura más. No sería la última ni mucho menos la peor. Su cabecita pronto se llenó de cables y lo conectaron a una máquina. Tengo esa imagen pinchada en mi corazón y comprendo cada vez que la recuerdo con pesar que entonces, no antes, empecé a querer a mi hijo. Porque en ese momento me hubiera cambiado por él, todavía un extraño, y le hubiera donado mis arterias y mis pulmones y mis ojos... Demasiado pronto sucedió: a los tres días de nacer.
He vagado, sonámbulo, por salas de hospital e intentado imaginar cómo sería nuestra vida cuando pasaran algunos años. Me imaginaba a Álvaro ciego, sordomudo, inválido, retrasado... Buscaba entre las brumas de la desesperación colegios especializados en paliar su/nuestro sufrimiento, hospitales con médicos salvadores, incluso terapias psicológicas que nos ayudaran a afrontar lo que se nos avecinaba. Todo era posible, palabra de los galenos. Hay que esperar, no se sabe la evolución, es aún muy pequeño. Esperas eternas sobre el filo de la cuchilla, cortándome despacio, a fuego lento.
Año y medio sin escribir, vaya secuela. Secuela porque, afortunadamente, Álvaro se encuentra muy bien. Pero no escribo historias. No estoy en la onda, no estoy en ello. No tengo tiempo ni, lo que es peor, quiero tenerlo. Eso sí, esta noche he necesitado el violento contacto del teclado del ordenador con las yemas de mis dedos para escribir estas líneas que brotan, sin rubor, como un vómito imposible de retener por más tiempo. Espero que me sirva de catarsis, que me ayude a olvidar, a volver a imaginar historias como las que escribía antes.
Aunque haya perdido para siempre la esperanza.
lunes, abril 28, 2008
Imaginemos, pues, que tu vida pende de un hilo. Que te amenaza una enfermedad muy peligrosa, la que sea. Que tu única esperanza reside en que seas operado a vida o muerte.
Evidentemente tú quieres que lo haga el mejor equipo médico del mundo, porque puedes pagártelo y porque tú lo vales, como dicen en el anuncio.
Pues bien, te proponen tres equipos de médicos diferentes, los tres están formados por quince miembros, entre cirujanos, anestesistas... Los tres te cobran lo mismo. Te dicen también que uno de los tres equipos es el mejor. Otro es el peor. Evidentemente el que queda estaría en segundo lugar. También te informan de que uno de ellos (no te dicen si el mejor o el peor o el otro) está formado sólo por hombres. Otro, sólo por mujeres; y el tercero, mitad y mitad.
Ahora viene la pregunta del millón. ¿Qué equipo médico quieres que te opere?
Fácil, ¿verdad?
jueves, abril 03, 2008
http://buenaprensa.blogspot.com/
martes, marzo 18, 2008
http://desdecuba.com/generaciony/
domingo, septiembre 30, 2007
Ahora resulta que si no sabes idiomas, eres un analfabeto. Bueno, mejor dicho, idioma, el idioma nacional, el euskera. Eso es lo que ha aparecido en unos pasquines en colegios del País Vasco, ridiculizando el modelo que opta por recibir la clase en español, en el idioma usurpador.
Las cuestiones de la lengua son increíbles. Aquí también hay quien emite opiniones pintorescas. Un compañero (la verdad, más de uno) aseguraba que el español (no digo castellano porque éste es sólo el español de Castilla) era un idioma impuesto en el reino de Valencia por el imperialismo castellano, y que el idioma de esta región (o país o nación o yo qué sé) era el catalán. Yo le objeté que era el árabe antes de ser expulsados los moros por su bendito rey Jaume I. Por las armas, no con educación y buenas maneras, todo hay que decirlo.
Cuando impartí clases en el instituto Cabo de las Huertas de Alicante me llamó la atención ver dos letreros en una puerta. Uno estaba bajo el otro. El de arriba decía: BIBLIOTECA. El de abajo decía: BIBLIOTECA. ¡Eso es bilingüismo y lo demás tonterías! El problema consistía en saber cuál de los dos era el que estaba expresado en español y cuál en valenciano, que aquí el orden de los factores sí altera el producto.
En el acto público para la toma de plazas vacantes de Filosofía en Septiembre de 1995, en Valencia, pude ver a un amigo mío, recién aterrizado en
Es curioso, además, que en la toma de posesión de plazas vacantes, es necesario demostrar que se tienen los correspondientes cursos de valenciano para poder elegir una plaza de línea en valenciano o para dar clases de esta lengua. Sin embargo, a un profesor de inglés, por poner uno de los miles de ejemplos posibles, le pueden incluir en su horario clases de francés sin que tenga que certificar el conocimiento del idioma de Balzac.
Respecto a la línea en valenciano diré que es lógico que los profesores impartan en valenciano las clases a los alumnos que han elegido esta línea idiomática. Lo que no merece mi aprobación es utilizar también el valenciano para dar clase a alumnos que no han elegido esa modalidad lingüística. Y esto se hace a menudo por algunos profesores. Porque entonces, ¿para qué instauramos la línea en valenciano?
Otra estupidez que se está implantando progresivamente en la sociedad y algunos medios de comunicación es escribir o decir Lleida, Girona, Crevillent, A Coruña, Ourense... cuando se está empleando el idioma español. Es una moda ridícula e incorrecta. Decir: “Esta mañana he venido de Lleida” es tan absurdo como decir: “Mañana nos vamos de viaje a London”. Además, para más inri, los medios de comunicación catalanes suelen catalanizar los nombres españoles de ciudades y pueblos. No dicen Zaragoza, sino Saragossa; ni Teruel sino Terol etc. Es coherente. Si hablan en catalán y en ese idioma existen términos para referirse a una ciudad o país o pueblo, deben utilizarlos. Lo mismo debe ocurrir en español o en cualquier otro idioma.
viernes, mayo 18, 2007
EL DÍA DE DESPUÉS
Daniel Jonah Goldhagen nos explica, en su imprescindible libro Los verdugos voluntarios de Hitler, el significado de la palabra ‘perpetrador’: «Un perpetrador es quien, a sabiendas, contribuyó directamente a las matanzas de judíos». Para Goldhagen, tan perpetrador de la matanza genocida era quien disparaba desde un pelotón de fusilamiento como el simple maquinista de tren que conducía, a sabiendas de su destino, a miles de judíos hacia los campos de concentración.
Ningún holocausto puede entenderse si no es desde el punto de vista psiquiátrico. De vez en cuando, la psique colectiva enferma. La locura alemana no fue más que la expresión más sanguinaria del ancestral antijudaísmo europeo. La Europa cristiana nunca perdonó a los judíos negar a su Cristo. Mucho menos, matarlo. Sólo así pueden explicarse las fantásticas creencias que circulaban entre los habitantes europeos acerca de los judíos: les acusaban de hacer pactos con el diablo, de envenenar pozos, de generar la peste... Goldhagen nos relata cómo alemanes corrientes dieron rienda suelta a un odio irracional a través del crimen, en una espiral psicótica colectiva.
La pregunta que me asalta es la siguiente: ¿qué ocurrió con todos aquellos perpetradores anónimos, que no comparecieron ante ningún Nuremberg, cuando la macabra función terminó? En los últimos momentos de La lista de Schindler, Spielberg nos ilustra: tras la rendición alemana, los soldados nazis que custodian la fábrica despiertan del espeluznante delirio y, sumisos, retornan a casa sin causar el más mínimo daño a los judíos de Schindler. Cómo pudieron vivir después los que, directa o indirectamente, propiciaron el genocidio, lo desconozco. Los mecanismos para expiar la culpa son variados. De entre ellos, el más radical es el suicidio. Tal vez, también, el más digno.
La paranoia terrorista de ETA y sus secuaces acabará algún día. Igual que pasó con la pesadilla nazi. A partir del día siguiente de la muerte de la banda criminal, los perpetradores en el País Vasco se enfrentarán a una nueva realidad. Por ejemplo: el vecino del quinto ya no tendrá que dejar enfriarse la comida porque su mujer y su hijo han visto al vecino de abajo, el del cuarto, el concejal del PSOE o del PP, acercarse al bar de enfrente, inesperadamente sin escolta. Y, claro, los nervios de la decisión, la llamada al enlace, la espera, la visión del comando asesino tras los visillos, el estruendo de los disparos... quitaban a uno el apetito. A pesar de que la ekintza hubiera sido un éxito. Todo por la Patria.
Cómo reaccionarán los perpetradores vascos ante la nueva situación, es una incógnita. Es posible que se empleen mecanismos reparadores no demasiado extremos: la confesión piadosa ante algún sacerdote amigo, comprensivo con la causa nacionalista, podría ser el más socorrido. O, tal vez, intenten diluir su evidente responsabilidad individual en el maremágnum de la responsabilidad colectiva. «Yo no quería hacerlo, pero en aquella época todos mis amigos lo apoyaban». En ese totum revolutum fuenteovejunesco nadie se considerará culpable. Puede, sin embargo, que purguen sus faltas mediante el llanto sordo, continuo, eterno de sus avergonzadas almas. También es posible que los mecanismos expiatorios sean mucho más radicales. Así, quizá las tierras vascas se pueblen de sombras andantes que vaguen por las calles, asidas a un bastón, después de imitar a un rey griego llamado Edipo. O, tal vez, las ramas de los árboles de los bosques vascos se colmen de miles de insólitos frutos, hediondos, de los que ninguna alimaña osa alimentarse: aquellos que penden de ásperas sogas, mecidos suavemente por el viento de la infamia, y que brotan a causa del remordimiento y la desesperación.
lunes, abril 02, 2007
En definitiva, un libro que nadie debería perderse, aunque no esté en los inalcanzables circuitos del mercado ni en las listas de los más vendidos. Es un libro de literatura, nada más y nada menos.
sábado, enero 27, 2007
LOS OTROS CAMPOS, LAS OTRAS VÍCTIMAS
Pronto llegará la fecha. Y las conmemoraciones. Y la sentida celebración de su liberación. 27 de enero de 1945. Auschwitz. Nadie ha olvidado aquel horror. Las víctimas que perecieron tienen el eterno recuerdo de la comunidad internacional; los que lograron sobrevivir, la solidaridad ante su dolor. Los verdugos nazis fueron juzgados y condenados en Nuremberg. Y durante décadas, perseguidos en muchos países. Auschwitz es el símbolo de la barbarie nazi. Seis millones de asesinados.
Pero hubo otros campos.
Son los campos que nadie conoce, las otras víctimas por las que nadie guarda silencio o enciende velas. Ningún Jefe de Estado, ningún Primer Ministro, se toman la molestia de nombrarlos, mucho menos de proponer conmemoraciones allí donde sufrieron las más aberrantes torturas. Pregunten a alguno de ellos qué saben sobre Kolymá. Ni siquiera sabrán qué es y, mucho menos, ubicarla en el mapa. Apenas hay condenas para sus ejecutores. Para vergüenza de las autoridades, se erigió un busto en 1989 al fundador de Kolymá, Eduard Berzin, en la plaza central de Mágadam. Por si fuera poco reconocimiento, también una calle y una escuela llevan su siniestro nombre. A otros depredadores se les ofrecieron pensiones estatales, como a Mólotov y Kaganóvich que vivían cómodamente en Moscú a costa del Estado en los años ochenta.
Pero Kolymá existe. Y las Solovki. Y los campos de concentración que en aquella región siberiana y en esas remotas islas acabaron con la vida de miles de víctimas. Vorkutá, Karaganda y tantos otros monumentos del horror comunista fueron reales, por mucho que no aparezcan ni en los libros de texto en que estudian Historia nuestros hijos ni en los telediarios ni en las películas de Hollywood.
En ningún libro de texto, en efecto, se les hablará del vértigo que sintió Eugenia Ginzburg desde que fue citada como sospechosa, acorralada bajo acusaciones imaginarias —“enemigo del pueblo”—, como se sintió tal vez el Josef K. de El Proceso de Kafka o el Winston que Orwell imaginó en su novela 1984. También se ocultará lo que vio Varlam Shalamov en Kolymá, los miles de cadáveres esqueléticos congelados que las palas mecánicas trasladaban de una fosa común a otra. Tampoco oirán nunca los recuerdos de Witold Augusewicz en Vorkutá, sobre todo aquel que le lleva al 1 de agosto de 1953 en que escapó, milagrosamente, de la lluvia de balas que escupían las ametralladoras del ejército, masacrando a indefensos presos que se habían sublevado en uno de los campos.
Durante mucho tiempo la cegada izquierda negó, por ser “mentiras del imperialismo”, lo que afirmaban los perseguidos que podían escapar del otro lado del Telón de Acero. Después de la confesión de Nikita Krushev en el XX Congreso del PCUS en febrero de 1956, que reconocía las masacres sucedidas en la época de Stalin, se quedaron mudos nuestros marxistas de pacotilla. Algunos aún se aferraron a su dogmatismo, como el soporífero Juan Benet que echó pestes por las declaraciones de Alexandr Solzhenitsyn cuando vino a presentar en 1976 su Archipiélago Gulag a España, en el que relataba su experiencia en los campos de concentración soviéticos. Solzhenitsyn comparó la dictadura comunista de
Me imagino lo que podría sentir el disidente soviético y otras víctimas de tan destructivos sistemas totalitarios cuando, tras años de sufrir en sus propias carnes el Gulag, escucharan semejantes barbaridades por parte de la progresía europea. Según Solzhenitsyn, nunca le habían tratado peor; dijo que para él fue como si le hubieran echado vinagre en las llagas.
Cuenta Margarete Buber-Neumann que cuando fue liberada de Ravensbrück, en su regreso a casa se encontró con prisioneros comunistas franceses, también liberados. Les narró su detención en Moscú, tras haber huido de
Tras la implosión de
Se dio un paso adelante cuando, en enero de 2006 —más vale tarde que nunca—, el Consejo de Europa aprobó la primera condena internacional de los crímenes de las dictaduras comunistas en la que se reconocía que “los regímenes comunistas totalitarios que funcionaban en Europa central y oriental el siglo pasado, y que aún existen en varios países del mundo, han estado marcados sin excepción por violaciones masivas de los derechos del hombre”. Y añade que “los crímenes en cuestión no han sido condenados por la comunidad internacional, como fue el caso para los crímenes horribles cometidos en nombre del Socialismo Nacional (nazismo).” Sin embargo, las reacciones en contra no se hicieron esperar por parte de los comités de algunos partidos comunistas. Negar el Holocausto es delito en varios países. Negar los crímenes comunistas sale todavía gratis.
Por eso, cuando por televisión se emitan en estos días las terribles imágenes de los cadáveres andantes liberados en Auschwitz, hemos de reconocer en ellos a las víctimas de todos los campos. Sin olvidar ninguno, independientemente de la ideología que lo sustentara. Sin mantener un silencio cómplice que dura ya demasiado tiempo.
Se lo debemos a Eugenia, Solzhenitsyn, Margarete Buber-Neumann… y a tantas personas que sufrieron el Lager o el Gulag. Sin olvidar a ninguna. En memoria de todas ellas.
jueves, enero 11, 2007
En este libro se recogen decenas de fotografías tomadas en los campos de concentración que emergieron como champiñones por todos los rincones de la extinta Unión Soviética. El fotógrafo y periodista polaco Tomasz Kizny, a través de esta fantástica recopilación que le ha llevado más de quince años de investigación, nos revela en algunas de las instantáneas el horror en los rostros de los condenados en aquellos monumentos de la depravación humana.También merece la pena destacar uno de los tres prólogos que inician el libro. En él, Jorge Semprún desmenuza brillantemente los curiosos motivos por los que la izquierda europea estuvo cegada durante años ante la barbarie soviética. Cuando las tropas de
Algunos todavía hoy se sorprenden de que el Consejo de Europa, por fin, haya aprobado en enero de 2006 una resolución de condena de los crímenes comunistas. En algunos países, negar el holocausto es delito. Me temo que negar los crímenes de los regímenes comunistas sale todavía gratis.
viernes, diciembre 08, 2006
A veces, la literatura te besa en el corazón, produciendo un deleite que pocas otras actividades son capaces de sugerir. Es el caso del libro de relatos titulado Los peces de la amargura, escrito por Fernando Aramburu. Este donostiarra es licenciado en Filología Hispánica y profesor de español en la localidad alemana de Lippstadt. Reúne en este volumen diez historias que tienen todas ellas un nexo común: el terrorismo etarra. Narraciones que muestran el quehacer cotidiano de unos personajes, arrancados de la cruda realidad a la literatura, que malviven dentro de esa locura colectiva en que se ha convertido la violencia en el País Vasco. Desgraciadamente, muchas de las situaciones que se describen en el libro nos son familiares. Quizá para alguien que las leyera, que no estuviera al corriente de tanta barbaridad, pudiera parecerle un libro más de ficción. Pero para todos nosotros esta ficción es muy real.En definitiva, un libro cuya lectura es recomendable y que seguro llegará a emocionar a más de un lector.
martes, noviembre 14, 2006
La primera vez que oí hablar de Rubén Gallego y de su libro Blanco sobre Negro fue en el programa de televisión Negro sobre Blanco, que presentaba Dragó a altas horas de la noche. Curiosa casualidad. En aquella entrevista, Rubén Gallego contestaba en ruso a las preguntas que le hacía el redicho presentador, mientras un traductor simultáneo nos hacía comprender aquellas vivencias que nos contaba Rubén y que había plasmado en su libro. Unas vivencias terribles en orfanatos secretos, después de que las autoridades soviéticas se lo quitaran a su madre, tras año y medio encerrados en un hospital. Después de ese tiempo, a la madre le dijeron que el muchacho había muerto. Rubén, aquejado de parálisis cerebral, narra en el libro la sordidez de los orfanatos rusos, sus experiencias diarias en ellos, la propaganda antioccidental presente en cada momento. Contrariamente a los que reniegan del capitalismo, de los USA y de los McDonald's, Rubén Gallego fue feliz durante su visita a Norteamérica en que disponía de una silla de ruedas eléctrica con la que paseaba por las calles y entraba en restaurantes como cualquier ciudadano. Poco antes de retornar a Rusia, decía con amargor: "Allí, en la lejana Rusia, me depositarán con cuidado en un diván y me condenarán a cadena perpetua entre cuatro paredes. Una buena gente rusa me dará de comer y beberá vodka conmigo. Allí comeré bien y puede que ande caliente. Allí habrá de todo, menos libertad. Me prohibirán ver el sol, pasear por la ciudad, ir a un café. Me explicarán condescendientes que todos estos excesos son para la gente normal, no para las personas discapacitadas. Me darán otro poco de comida y de vodka y una vez más me recordarán lo desagradecido que soy. Me dirán que quiero demasiado, que tengo que esperar un poquito, sólo un poquito, nada, unos cincuenta años. Y estaré de acuerdo con todo y diré que sí con la cabeza. Haré obediente lo que me manden y soportaré en silencio la vergüenza y la humillación. Aceptaré mi discapacidad como un mal inevitable y poco a poco me iré muriendo. Y cuando me canse de esta vida de perro y pida un poco de veneno, por supuesto, me lo negarán. La muerte rápida está prohibida en aquel lejano y humano país. Todo lo que me permitirán es envenenarme lentamente con vodka y confiar en una úlcera de estómago o en un infarto".
sábado, octubre 07, 2006
El icono del liberalismo Jean-Françoise Revel, recientemente fallecido y al que ya se homenajeó en estas páginas, es el autor de este magnífico libro cuyo título es un claro indicio de sus intenciones. Para Revel, en el fondo de ese antiamericanismo burdo y paleto se esconden todos aquellos que se oponen a la libertad tanto económica como política. Incluso, sorprendentemente, también en Europa. Después de los atentados del 11 de septiembre, muchos de esos enemigos del liberalismo se alegraron de que, por fin, los americanos tuvieran ese colosal escarmiento. Se lo merecían. Occidente agoniza entre hipocresías y autoflagelaciones que sólo podría analizar el inconsciente colectivo de Jung, como un intento desesperado de entender la influencia que puede tener la mitología cristiana que nos enseñó el cuento del pecado original. Maldita culpa heredada. Sólo así puede comprenderse la tibieza de los países occidentales ante el nuevo totalitarismo clerical que nos amenaza. No hubo manifestaciones contra los causantes del atentado más mortífero. Sin embargo, hubo, hay y habrá manifestaciones contra América. Europa quiere dar lecciones de democracia a América. Una Europa que en el siglo XX ha visto nacer dentro de sus fronteras los dos totalitarismos más sangrientos conocidos hasta ese momento, dos guerras mundiales, dictaduras y guerras civiles vergonzosas. Una Europa decrépita y hundida que abrió los brazos a las tropas americanas cuando vencieron a Hitler.
viernes, septiembre 08, 2006
El título del libro de Thomas Szasz es más que una pista de lo que se defiende a lo largo de sus páginas. Szasz, al igual que el prologuista Antonio Escohotado o el filósofo Fernando Savater, habla de nuestro derecho a las drogas. Desde una óptica liberal, la cosa está bastante clara. Ya lo dijo John Stuart Mill: "De la piel para adentro, el individuo es soberano". Por eso, la cuestión de las drogas no tiene vuelta de hoja: es derecho del individuo poder experimentar -como desde tiempos inmemoriales ha hecho- con todo tipo de sustancias para modificar su estado de conciencia. Los motivos últimos pueden ser de lo más variado, desde el que trata de estar más activo para poder estudiar hasta el que intenta remediar el mal de alturas o el que simplemente quiere experimentar un viaje pseudo-onírico. Además, la ilegalización no hace más que ahondar en el canto de sirenas que atrae a los jóvenes a probar lo prohibido, hace que las mafias naden en oro y pone en peligro a los consumidores por la frecuente posibilidad de toparse con partidas muy puras o, quizá, demasiado adulteradas.
lunes, agosto 21, 2006
Preguntas:1.- Desde Miami a Cuba hay la misma distancia que de Cuba a Miami. ¿Por qué los balseros van siempre en el mismo sentido, desde Cuba a Miami?
2.- El Muro de Berlín era igual de alto si lo mirabas desde el lado occidental o desde el lado oriental. ¿Por qué sólo los berlineses orientales se atrevían a saltarlo para llegar al otro lado?
3.- Los deportistas que salían de gira tenían una obsesión: ganar y triunfar en sus respectivas disciplinas. ¿Por qué sólo los que provenían de países del otro lado del telón de acero aprovechaban cualquier resquicio en la seguridad para escaparse y pedir asilo político?
4.- ¿Por qué todos aquellos que sueñan con un país socialista como la actual Cuba, sólo se acercan a visitar la idílica isla como turistas y vuelven a este maldito sistema capitalista que tanto odian?
viernes, julio 28, 2006
Este no es sólo un libro dirigido a los docentes, ni mucho menos. Creo, sinceramente, que todo el mundo debería leerlo. Porque la situación de la enseñanza en España ha llegado a tal grado de mediocridad que urge dar un toque de atención como el que aquí hace Javier Orrico. Este periodista, poeta y catedrático de Lengua y Literatura de Enseñanza Secundaria arremete contra el desastre del sistema educativo español que arranca en la LOGSE. La Ley que transformó a los profesores en "educadores". Así les gusta llamar ahora a los docentes esa secta de psicopedabobos que invade los institutos y que son los que llevan las riendas de este desastre. Son expertos en nada, dicen saber enseñar a enseñar. Son tecnócratas que no suelen pisar un aula sino que vagan por el instituto dando papeles a diestro y siniestro. Papeles que no sirven absolutamente para nada en la mayoría de los casos, y que los profesores y alumnos cogen de sus manos, siempre con cara de póker y de resignación. Las concepciones paternalistas de la pedagogía moderna son el cáncer de nuestra enseñanza. Fueron los psicopedabobos los que hicieron esta ley, con Álvaro Marchesi a la cabeza, uno de los personajes más nocivos en la Historia de España. Mirad el cursillo de psicopedabobería que se impartía hace unas semanas en Oviedo, no sé si es para reír o llorar:http://www.antipedagogico.com/2006/06/curso_muy_formativo.html
También es ilustrativo el brillante artículo de Jesús Palomar "Muera entonces la Filosofía" que podéis encontrar en este enlace:
http://usuarios.lycos.es/alicantefilosofia/muera-filosofia.htm
Mientras, las estadísticas cantan. Cualquiera puede consultarlas. El nivel de conocimientos de nuestros alumnos es de los más bajos de nuestro entorno. Y nadie hace nada por remediarlo. Qué pena.
martes, julio 11, 2006
Reinaldo Arenas descubre en este libro la podredumbre extrema del régimen castrista. Es una magnífica biografía, muy bien escrita, algunos de sus pasajes recuerdan el realismo mágico. Sólo que lo que se cuenta aquí no es ficción. Por ejemplo, nos narra que era tanta el hambre que era frecuente robar animales del zoológico para comérselos, como ocurrió con el famoso caso del león del zoológico de La Habana que se merendaron algunos hambrientos.Arenas, después de pasar por las sórdidas cárceles cubanas, consiguió escapar de la isla-cárcel tras el rocambolesco episodio de la crisis con la embajada peruana en 1980. Para aquellos que no lo conozcan se lo contaré brevemente: un conductor de autobuses, desesperado, está decidido a escapar como sea de Cuba. Ni corto ni perezoso empotra el autobús con todos sus pasajeros contra la puerta de la embajada de Perú y escapa al interior solicitando asilo político. Pero lo más asombroso es que las personas que viajaban en el autobús hicieron lo propio. Se produce una crisis diplomática con Perú y las autoridades cubanas retiran de la embajada la escolta oficial, lo que motiva a muchos cubanos a entrar en la embajada y a muchos otros a esperar su oportunidad en los alrededores de la misma. Fidel Castro, desbordado, decide entonces la única solución posible para evitar el estallido de una revolución popular: dejar salir del país a aquellos disconformes, igual que si se tratara de realizar una sangría a un organismo enfermo. Arenas recuerda "en medio de un discurso desesperado y airado a Castro, junto a García Márquez y Juan Bosch que aplaudían, acusar a toda aquella pobre gente que estaba en la embajada de antisociales y depravados sexuales".
sábado, julio 08, 2006
Lo bello se refiere al poder cognoscitivo, pues se llama bello aquello cuya vista agrada, y por esto la belleza consiste en la debida proporción, ya que los sentidos se deleitan en las cosas debidamente proporcionadas como en algo semejante a ellos, pues los sentidos, como toda facultad cognoscitiva, son de algún modo entendimiento.Tomás de Aquino
Suma de Teología
lunes, julio 03, 2006
JOHN STUART MILL Y LAS MUJERESEn Aviñón, compró una casa cerca del cementerio. Desde las ventanas, podía ver la tumba de Harriet Taylor, su amada mujer. Pasaba largas temporadas allí, reconfortado al saber que estaba a su lado. Seguro de que pronto descansaría junto a ella para siempre.
Que nadie crea que aquel arrebatador amor fue la causa de las avanzadas ideas que, sobre la mujer, tenía John Stuart Mill. Él mismo aclara este punto en su magnífica Autobiografía. El que luchara por la emancipación femenina era consecuencia de su doctrina liberal. En nombre del individualismo, pudo Mill defender la igualdad de los sexos. Porque el individuo que defiende el filósofo inglés no tiene raza, ni sexo, ni cultura, ni religión. Este individuo es simplemente el ciudadano sometido a la ley. Por tanto, igual y libre. De modo que la ley debe aplicarse a todos y cada uno de los individuos, sin excepción.
En 1869 escribió La esclavitud de las mujeres. En este libro de ineludible lectura, expone sus argumentos para que la mujer deje de estar sometida al varón. Ya en 1867 había presentado en la Cámara de los Comunes el proyecto de ley pidiendo para la mujer el derecho de sufragio. El Movimiento Sufragista sería ya imparable.
Contrasta esta actitud liberal con la que, muchos años después, tuvo gran parte de la progresista izquierda española. Ésta se opuso a que se reconociera el derecho al voto de las mujeres en la Constitución de 1931. Indagar los motivos nos dejaría aún más perplejos. Especialmente relevantes fueron las negativas de Indalecio Prieto y de Victoria Kent. En cambio, la reaccionaria derecha votó a favor. ¿Paradojas de la Historia?
Esta lucha por la igualdad entre hombres y mujeres sólo fue una muestra de lo que Mill propuso en el Parlamento en el corto tiempo en el que ocupó uno de sus asientos. Se mostró contrario a una moción en favor de la pena capital; denunció la manera inglesa de gobernar Irlanda; defendió el derecho de la clase obrera a manifestarse; propuso la educación obligatoria; denunció las atrocidades cometidas en Jamaica, lo que le costó amenazas de muerte.
Las mujeres del siglo XXI no pueden tirar por la borda este legado. No podemos conformarnos con defender sus derechos sólo en Occidente. La lucha no puede tener fronteras ni diluirse en un estúpido respeto a todas las costumbres, bien de la nuestra o bien de otras culturas. Hay prácticas que, vengan de donde vengan, no se deben respetar. Mucho menos si esas intolerables acciones se producen en el seno de un ámbito democrático como el europeo. Aquí, la ley está por encima de las tradiciones o las creencias. Por tanto, no cabe otra salida que someter éstas a aquélla. No sólo se trata de acciones contra los derechos de las mujeres sino de las que atenten contra los de cualquier individuo.
El ciudadano —sin adjetivos calificativos— es el sujeto de derecho. Igualmente, como contrapartida, es el sujeto que tiene deberes. No lo olvidemos. Como afirmaba Mill.
domingo, julio 02, 2006
"En este período de la vida, querido Sócrates -dijo la extranjera de Mantinea-, más que en ningún otro, le merece la pena al hombre vivir: cuando contempla la belleza en sí. Si alguna vez llegas a verla, te parecerá que no es comparable ni con el oro ni con los vestidos ni con los jóvenes y adolescentes bellos, ante cuya presencia ahora te quedas extasiado y estás dispuesto, tanto tú como otros muchos, con tal de poder ver al amado y estar siempre con él, a no comer ni beber, si fuera posible, sino únicamente a contemplarlo y estar en su compañía."lunes, junio 26, 2006
Esta no es una más de las crónicas que se han escrito sobre las víctimas de los terroristas. Y es que Pedro Mari Baglietto es hermano de Ramón Baglietto, militante de UCD que cayó asesinado por un comando etarra el 12 de mayo de 1980. Eran las nueve de la noche y llovía torrencialmente en el puerto de Azcárate. Eran otros tiempos en los que las víctimas eran sospechosas de ser verdugos, mientras que éstos eran considerados por muchos como heróicas víctimas. En fin, el mundo al revés. Pero lo que tiene este caso de especial es que Cándido Azpiazu, uno de sus asesinos, había sido salvado cuando era un bebé de una muerte segura. Su salvador fue Ramón Baglietto. Increíble paradoja del destino. En este libro se relata esta escalofriante historia.El periodista de Der Spiegel, Erwin Koch, hizo una entrevista al asesino que salió reproducida en la prensa española. En este foro se puede tener acceso a ella, si tenéis paciencia para encontrarla. Tranquilos, no cuesta mucho y merece la pena leerla:
http://www.plazabohemia.com/foro/pasado/2001/20010814.html
Recientemente saltó la noticia de que la viuda, María Pilar Elías, tenía que soportar la visión diaria del asesino de su marido porque éste había abierto un negocio justo en el inmueble en el que ella vive.
Aquella noche, antes de morir, quizá el infortunado Ramón no tuvo tiempo de recitar la oración que su madre azcoitiana le enseñó cuando era niño: Aingeru santua zaindu neri egun guzti artean.
sábado, junio 24, 2006
Para aquellos que se empecinan todavía en una visión romántica de la Guerra Civil en la que se enfrentaron los defensores de la democracia contra los fascistas sirva este párrafo extraido del libro que presentamos: "De hecho, lo que había ocurrido en España no era una mera guerra civil, sino el comienzo de una revolución. Ésta es la situación que la prensa antifascista fuera de España ha tratado de ocultar. Toda la lucha fue reducida a una cuestión de "fascismo frente a democracia", y el aspecto revolucionario se silenció hasta donde fue posible".Orwell describe en este libro sus vivencias como combatiente en la Guerra Civil española, engrosando las filas del POUM. Luchará en el frente de Aragón donde una bala le alcanzó en el cuello y sobrevivió de puro milagro. Después, por ser militante del POUM sufrirá la persecución por parte de los estalinistas del PSUC. "Haber luchado en la milicia del POUM bastaba para terminar en la cárcel". Desencantado, no tiene más remedio que huir de España, atravesando la frontera como simple turista.
viernes, junio 23, 2006
Lomborg defiende algo que en estos tiempos pocos se atreven. Contra la corriente que nos lleva sin posibilidad de escapar, este ecologista escéptico asegura que el estado de nuestro planeta, sin poder decir que va bien, sí que va mejor. Según Lomborg, la mayoría de los indicadores muestran que el destino de la humanidad ha mejorado enormemente. En el libro, va negando uno a uno todos aquellos malos augurios que, según él, constituyen la Letanía pesimista que algunos quieren que creamos, sobre todo los medios de comunicación que saben que sus audiencias aumentan cuantas más noticias malas den en sus telediarios. Según Lomborg, el ser humano tiene cada vez más salud y mayor esperanza de vida -no sólo en los países desarrollados-; no es cierto que la contaminación de la atmósfera y de las aguas sea cada vez mayor, no es cierto que la masa forestal del planeta esté seriamente en peligro, no es cierto que se estén acabando las reservas de petróleo, la lluvia ácida no fue la terrible amenaza que nos contaron y que acabaría con los bosques. Lomborg, eso sí, admite el calentamiento global pero duda de que el protocolo de Kyoto sea eficaz.Todas sus afirmaciones las ejemplifica con estadísticas y gráficas, no en vano Lomborg es profesor de Estadística.
jueves, junio 22, 2006
Mario Vargas Llosa firma uno de los artículos más conmovedores de cuantos he leído. Su título es Homenaje a un combatiente y lo dedica a modo de despedida al recientemente fallecido Jean-François Revel. Tiempo habrá en este blog para dedicarle algunas reseñas a este icono del liberalismo europeo. Aquellos que no hayan leído el artículo, lo pueden hacer en este enlace:http://www.filosofos.org/modules/newbb/report.php?forum=1&topic_id=7&viewmode=flat&order=ASC&post_id=10
Pero no puedo dejar de poner aquí el fragmento final:
"Nos conocimos a principios de los años setenta y, desde entonces, fuimos amigos, y también, creo que puedo decirlo sin parecer jactancioso, compañeros de barricada, porque ninguno de los dos se avergonzaba de ser llamado un liberal, palabra que, a pesar de todas las montañas de insidia con que han querido ensuciarla en estas décadas, sigue siendo, para mí, como lo era para Revel, una palabra hermosísima, pariente sanguínea de la libertad y de las mejores cosas que le han pasado a la humanidad, desde el nacimiento del individuo, la democracia, el reconocimiento del otro, los derechos humanos, la lenta disolución de las fronteras y la coexistencia en la diversidad.No hay palabra que represente mejor la idea de civilización y que esté más reñida con todas las manifestaciones de la barbarie que han llenado de sangre, injusticia, censura, crímenes y explotación la historia humana. Y pocos intelectuales modernos obraron tanto como Revel para mantenerla viva y operante en estos tiempos difíciles".
martes, junio 20, 2006
La bendita y sacrosanta ONU queda en este libro reducida a una piltrafa. Casos de corrupción, acoso sexual, nidos de espías, prostitución, asesinato, derroche, sueldos escandalosos, magníficas pensiones de por vida... Por no hablar del tristísimo papel de los pitufos -cascos azules- en la antigua Yugoslavia o en Ruanda. Un libro que nos debe hacer reflexionar sobre la utilidad real de la ONU tal y como funciona hoy en día, en la que sesenta años después de su puesta de largo, los cinco privilegiados continúan apegados al poder del veto, sin que parezca que lo quieran dejar.
sábado, junio 17, 2006
Este libro lo leí ya hace tiempo, pero lo recuerdo constantemente. El autor involucra en el holocausto a la mayor parte de la población alemana. Los prejuicios que circulaban sobre los judíos, alimentados por la propaganda oficial, dio pie a una especie de paranoia colectiva que acabó por participar en el genocidio. Especial interés tiene la descripción que realiza de los batallones policiales, en los que alemanes corrientes se convirtieron en asesinos voluntarios de miles de judíos. Uno de estos batallones, el 101, es al que Goldhagen dedica un mayor número de páginas. El lector tendrá que hacer un esfuerzo para poder soportar tanto horror.
Eugenia Ginzburg en El Vértigo nos cuenta cómo sufrió en sus propias carnes la purga estalinista de finales de los años treinta. Acusada de ser "enemigo del pueblo", esta comunista convencida narra con desgarro su calvario desde que es detenida sin saber por qué. Se trata de una descripción de primera mano de quién padeció el gulag, ese campo de exterminio que tiene su alter ego en el lager nazi.Absolutamente recomendable para comprender la oscura maquinaria del terror aplicada desde un estado totalitario.
Martin Amis denuncia en este libro las masacres estalinistas,durante tanto tiempo silenciadas por la “progresía” europea, cuya estupidez fue abofeteada cuando Nikita Krushev en el XX Congreso del PCUS en febrero de 1956 reconoció los excesos del siniestro dirigente soviético. No deja de merodear por todo el libro la sombra del padre, el novelista Kingsley Amis, comunista durante quince años antes de ver la luz y renegar de su pasado.
Un libro que recomendamos desde este blog a todos nuestros lectores.


